JUR-435 sub esp la cordura que mi suegro rompio
Desde que se puso el anillo de bodas hace tres años, Tina sintió cómo la intimidad con su esposo se marchitaba, dejando un vacío helado en su relación. Su matrimonio se sentía más como un claustro. Pero, lejos de sofocar su deseo, este se apoderaba de su cuerpo con una lentitud desesperante, la única fisura en esa soledad era su suegro. Ella lo había adoptado como una imagen paterna (la que la vida le había negado), y su viudez reciente le inspiraba una compasión amarga. lo observaba: un hombre solitario, fuerte y herido, y en esa herida se reconocía a sí misma, la cercanía era una tortura. el era el único hombre adulto y visible en su vida. Tina sentía que el dique de su autocontrol estaba agrietado y que necesitaba un desahogo, un alivio desesperado, antes de que la lujuria la consumiera por completo, sin embargo, ella no veía a su suegro como un posible alivio, sino como una tentación que debía evitar a toda costa, hasta que un día, en la quietud de la tarde, algo sucedió y reescribió las reglas de su cordura.
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